Parece una puerta mágica.

No dice mucho.

Una escalera, y al llegar al final, el comienzo de lo simple.

Betsubara, tengo entendido,  es un dojo que nació como el único dojo para la práctica femenina de artes marciales y otras disciplinas. 

Empezó a crecer tímidamente, pero firme.

Luego llegaron niños y niñas.

Después, las disciplinas se enriquecieron con la presencia de alumnos varones, y empezaron las clases mixtas.

Como la vida misma, el camino se va haciendo, con la gente que se va sumando.

Para mi, Betsubara es uno de mis lugares en el mundo.

Donde deseo estar, y volver, cada semana.

Para la sonrisa, la práctica (en mi caso Aikido), la charla espontánea, el sentir cálido y genuino, el ser, de pertenecer a un lugar, donde soy parte, y actor.

Llego con cansancio, me voy lleno de ese algo, que se respira y lo llena todo, noble, bello y verdadero.

Por eso vuelvo, por eso, volvemos.

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